Después de un par de años complicados la firma coreana ha reorganizado todo su portfolio y, lo que es más importante, ha presentado dos modelos premium que han cumplido con todas las expectativas.
Uno de ellos, el S6 Edge, lleva además el apellido aspiracional grabado a fuego, algo de lo que hasta ahora sólo podía presumir Apple. Ahora queda plantar cara al todopoderoso iPhone y a la pegada de los fabricantes chinos.
Las primeras estimaciones hablan de 20 millones de reservas, una cifra nunca alcanzada por la firma en sus primeros momentos de comercialización de sus móviles de gama alta. Algo nada desdeñable que invita a pensar en positivo después de varios ejercicios en los cuales la firma ha perdido fuelle.
El antídoto ante la caída de ingresos y el descenso en ventas llega con materiales nobles de alta calidad y con un diseño espectacular que ha sido muy bien recibido por la prensa especializada y los consumidores.
Esa pantalla curvada en los dos laterales es más que suficiente como para que un usuario se enamore del terminal y pueda presumir de equipo cuando lo coloca, por ejemplo, en la mesa de un restaurante.También ha sido un acierto importante la gama de colores que ha elegido la firma introduciendo el verde como sorpresa, de tono elegante y como gran apuesta informal. No sería de extrañar que próximamente sus competidores lanzaran versiones imitando el nuevo color de Samsung.
Como decía, queda toda la tela por cortar ya que serán los consumidores los que decidan. De momento, las reservas están acompañando y eso que el es S6 empieza en 699 euros y el Edge sube a los 850 euros. La maquinaria de marketing de Samsung no ha hecho más que empezar y a buen seguro que después de un ligero frenazo la firma coreana vuelve a superar expectativas.

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